LA ESCENA DE UN CRIMEN PREMEDITADO. El diseño político para apagar la educación en Venezuela.

 EL AGUIJÓN

LA ESCENA DE UN CRIMEN PREMEDITADO

El diseño político para apagar la educación en Venezuela.

Por: Arturo Molina.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Antes de jactarnos de nuestras inmensas reservas geográficas o de los prodigios de nuestra tierra, los venezolanos deberíamos mirar a los ojos a un maestro de escuela pública que llega al aula sin haber desayunado. Esa es la verdadera medida de nuestra crisis. No importa cuántos kilómetros de costa tengamos, ni las riquezas que se encuentran en el subsuelo; si el pupitre está oxidado, si la escuela es devorada por la maleza y si un niño abandona el salón para buscar el sustento en la frontera, somos un país a la deriva. La historia actual de nuestra educación no es la crónica de una mala gerencia gubernamental, es la escena de un crimen premeditado.

Como estudioso de la geografía y las ciencias de la tierra, entiendo perfectamente que el territorio es apenas el lienzo; es el ciudadano educado quien pinta el desarrollo. Hubo una época en la que Venezuela tuvo clara esta ruta. A mediados del siglo pasado, figuras históricas como Luis Beltrán Prieto Figueroa nos legaron el concepto del "Estado Docente", comprendiendo que democratizar la enseñanza era el único igualador social verdadero. Asimismo, Arturo Uslar Pietri nos advirtió incansablemente que la riqueza material era un espejismo inútil si no se "sembraban" en las aulas y universidades.

Sin embargo, la realidad de hoy nos demuestra que esa brújula fue destruida a propósito. El abandono que sufren nuestras escuelas no es un simple error administrativo, ni producto exclusivo de la ineficiencia económica. Lo que presenciamos es un diseño político fríamente calculado. En este punto coincido plenamente con investigadores contemporáneos como Leonardo Carvajal: el Estado decidió, de manera consciente, sustituir la pedagogía por la propaganda y la inversión por el adoctrinamiento. Bajo esta óptica, la escuela dejó de ser el motor del progreso humano para convertirse en una herramienta de control social.

Para quienes ejercen el poder desde el autoritarismo y el populismo, la calidad educativa es una amenaza directa. Un salón de clases donde se enseña a pensar, donde se discute la integración de la tecnología y la inteligencia artificial, forma ciudadanos críticos. Y un ciudadano que piensa, es un ciudadano que audita, exige, cuestiona y no se conforma con dádivas que condicionan su libertad. Por eso han decidido ver la educación como un "gasto" que se puede recortar, y no como la inversión más sagrada de la República. Gobernar a un pueblo sumido en el atraso y la necesidad es el camino más fácil para evadir la rendición de cuentas.

El costo humano de esta estrategia es devastador. Detrás de cada escuela en ruinas hay talento hipotecado y generaciones a las que se les está negando el derecho a competir en el mundo moderno. Estar rezagados hoy es una condena que nos costará décadas revertir. Pero despertar de esta pesadilla exige mucho más que el simple lamento o la indignación. Requiere acción y propuesta. La verdadera emancipación de Venezuela pasa por construir una alianza inquebrantable entre la familia y esos docentes que aún resisten estoicamente en las aulas. Implica que, desde las comunidades, utilicemos las herramientas tecnológicas a nuestro alcance, por más precarias que sean, para romper el cerco del atraso y autoformarnos. Exigir y construir una educación de calidad no es solo un reclamo gremial; es, hoy por hoy, la lucha política más importante de nuestro tiempo. Porque un pueblo que asume el rescate de su educación, es un pueblo que decide ser libre. El dilema del tutelaje actual deja dudas sobre esa libertad requerida.

Arturo Molina

@jarturomolina1

www.trincheratachirense.blogspot.com

jarturomolina@gmail.com

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